sábado, 19 de octubre de 2013

Náuseas


Son las doce y media, el suelo está manchado de lo que parece ser el peor vino del supermercado, el olor le delata. Huele a resaca.


Me levanto y voy a la cocina mientras me despego mi sudoroso y frío pijama de la piel. Cojo un vaso y el brick de leche, tras de mí, en la encimera de la cocina estaban las sobras de la cena de ayer, fría y reseca. Tras ver esa imagen no pude reprimir las nauseas.

Ya era mucho tiempo con ese problema, comía poco y lo que comía me resultaba desagradable y lo vomitaba o me revolvía el estómago. Me llevé el vaso de leche a la boca. Estaba cortada. De mi boca emergió un chorro de vómito y leche que no pude reprimir.

Asco.
Asco.
Asco.
Gritaba en mi cabeza, todo era un asco.
La comida era un asco.
La gente era un asco.
Mi vida era un asco.

Hice las maletas y me fuí de allí para volver a mi verdadera casa, como el inmigrante que vuelve a su país sin haber ganado un peso. Volví con las manos vacías, los ánimos destrozados y mi estima por los suelos.


Nacho Granda Romalde

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