sábado, 20 de abril de 2013

Acerca de Incubus

Antes de leer esta entrada lee el relato anterior.

Si te ha gustado el relato te recomiendo que no leas a partir de este punto.


Me gustaría no haber conocido la realidad de este relato, quedarme con lo bonito de la historia pero yo te daré la opción de quedarte con ella o por el contrario de deshacer el arco iris, como diría Richard Dawkins.

No me toméis por un supersticioso, al crecer atribuí esto a una pesadilla normal pero hace unas semanas un amigo mío, estudiante de psicología me contó un caso parecido al mío, asombrado por la similitud de ese caso con el mío le conté lo que me había sucedido y buscó mas información sobre el tema.

Resultó ser un fenómeno conocido como "Parálisis del Sueño" y me contó lo que ocurre durante estos episodios. Si alguien tiene mas interés en conocer mas acerca de este trastorno le invito a que busque información sobre él en Wikipedia y si quiere pasar un mal rato incluso podría buscar mas relatos de gente acerca de este fenómeno, ya os advierto que desde luego no es algo agradable-

Incubus

Nunca sentí tanto miedo, escribo esto con lágrimas en los ojos. Llamadme loco pero lo que os voy a relatar es totalmente cierto.

Tenía unos 10 años, vivía aún en San Vicente pero lo recuerdo muy bien, recuerdo que estaba en la cama, serían las 7 de la mañana y era domingo, me despertó su peso, era horrible, oprimía mi pecho, estaba sentado sobre la manta, yo le veía, no me pregunteis cómo pues yo estaba totalmente tapado, él también me observaba con atención, tampoco sé cómo pero podía hacerlo a través de la manta y el edredón.

Venía a llevarme con él pero por algún motivo que yo desconocía, él prefería torturarme con su funesta presencia.

Se reía, iba cubierto por una negra capa, se reía con estruendosas carcajadas pero mis padres no venían. Tenía mucho miedo, quería gritar pero ese ente que me oprimía me había arrebatado la voz...

Tuve mucho miedo, recuerdo que tras eso no me levanté hasta que me despertaron mis padres lo cual aconteció mucho mas tarde pero por miedo a que esa entidad siguiera rondando la habitación no me atrevía a mover un solo músculo o emitir el mas mínimo ruido.



La pesadilla, por Henry Fuseli (1781)

Muchos diréis que solo fue una pesadilla, a día de hoy todavía no se muy bien que pensar al respecto de lo que me aconteció aquel aciago día.

Nacho Granda

viernes, 19 de abril de 2013

Soy un fantasma



Hacía una buena noche, no hacía nada de frío.
Llevaba mis pantalones vaqueros rotos y una camiseta oliva, así vagaba, con lo puesto, sin llaves, sin techo… estaba solo ante la gran ciudad.

Ella se me echaba encima cual depredador que se abalanza sobre su presa, las estrellas me miraban agazapadas tras las nubes. Conspiraban las esquinas contra mi persona, no tenía nada ni a nadie.

Solo estaba yo.

Qué podía hacer si no me abrían en el piso, ya no era bien recibido, los estudios me iban fatal, ya no tenía grupo y no me quedaba demasiado dinero para acabar el mes.

No había nadie por la calle y si había alguien desde luego no me percaté de ello y dudo mucho que alguien viese al invisible fantasma que aquella noche era.

No era nada para nadie, era un espectro que rondaba por las concurridas calles de una ciudad fantasma en la que no había otra persona que no fuera yo, estaba ahí, lo que pasa es que nadie se percataba de mi presencia, yo era como el agua que circula por dentro de un radiador antiguo, como el tic-tac de un viejo reloj de parad, como algo que oyes pero realmente no te percatas de ello.

Ya nada me quedaba, decidí pasar aquella amarga noche donde pudiese. Abrí un portal de una hostia y allí me acurruqué sobre el frío mármol reposando mi cuerpo en una esquina de aquella estancia.

Dormí, o eso creo porque me despertó una mujer en medio de la noche, vestía elegantemente y gritaba mucho:

-¡Largo de aquí sucio indigente!-Gritó la muy zorra-

-Mira por ti, que cual tú te ves, me vi y te verás cual me veo.

-¡Calla la puta boca, borracho de mierda!

-No estoy borracho, ¿Lo estuvo acaso el autor de tan célebre fráse?

-Vete de mi portal antes de que llame a la policía.

De repente bajó el que debía ser su marido por las escaleras y sin saber muy bien que acontecía preguntó qué estaba pasando.

-¿Que pasa cariño? –Preguntó el hombre-

-Este gilipollas no solo se cree que puede dormir aquí sino que también se cree que puede tomarme el pelo. -Respondía alporizada-

-No buscaba problemas sino un techo bajo el que dormir.

-¡Largate! –Gritó la muy zorra-

-Por qué va a ser mentira, buscaba un lugar donde pasar la noche, creo que no molesto a nadie por pasar aquí la noche ¿no?

-Este mendigo de mierda me ha insultado y se me ha puesto violento cariño… -Decía la mujer mientras se encaramaba al brazo de su hombre-

Largate de aquí ahora mismo!-Gritó el hombre-

-Tranquilo, ya me…

No me dio tiempo a acabar, el hombre me asestó un puñetazo en la cara, mi mejilla sangraba, me la había abierto. Me pasé la mano por la zona del golpe, sangraba.

Ardía de rabia. Decidido agarré la tierra de paterre decorativo ornado con una falsa mampostería y me dirigí hacia él.

-¿Buscas más hostias? –Me dijo con una mirada desafiante-

Le arrojé el manojo de tierra a la cara y acto seguido le asesté una buena andanada de puñetazos de los que apenas se pudo defender. Terminó tirado en la esquina donde antes había estado yo tratando de dormir.

-¡Llamaré a la policía, tenlo por seguro!-Gritaba la misma mujer que no socorrió a su pareja cuando yo le estaba hostiando-

Seguí sin rumbo y la cara manchada de sangre. Me enjuagué la cara en una fuente, allí me asaltaron dos chavalines, tendrían 16 años, no hizo falta otra cosa que la expresión de mi rostro para que estos huyesen como quien hubiera visto un fantasma…

Lo curioso es que me sentía como tal.

Nacho Granda

martes, 9 de abril de 2013

Miasma


Olía muy mal, lo recuerdo perfectamente... ese olor no desaparecerá de mi memoria en la vida.

Allí reposaba, inerte, aliviada. Su cadáver al fin había logrado la paz, no una paz cristiana, eso es un consuelo de tontos. Esta paz era mas profunda de lo que jamás podrías experimentar.

Había sido feliz en vida pero ahora solo anhelaba la llegada de su hora. Los narcóticos de nada servían, la morfina no le calmaba, ella esperaba pero ese adiós nunca llegaba.

Recuerdo su amarillento cuerpo tumbado en la cama, ya no podía con el peso de su vida, clamaba por la acometida que terminase con su vida, con su llanto, con sus nocturnos alaridos pero esa funesta estocada no llegaba.

Ella dormía, no volví a hablar con ella, no pude, sabía que era su última hora. Los minutos de aquella madrugada podían medirse en horas.

-Está dando sus últimas bocanadas -Dijo mi madre-
-No me gusta verla sufrir...

En ese momento tuve nauseas, aparté la vista del bilioso cuerpo ya inerte.

Ella ya no estaba allí, pero notaba el miasma. Notaba el miasma flotar en el aire.


Nacho Granda

lunes, 8 de abril de 2013

Killing The Butterfly




Claire ain't another girl

She is a lonely one

Claire is looking for a man

She ain't the only one


Tonight Claire walks alone

After a party night

It's not her time to go

When she found a man


He said: "Come here, baby

I swear I won't bite

You're driving me crazy

Let's have some fun tonight"


Claire walked to him drunk

She should've run away

Claire is looking for a man

But not in that way


No one saw that man

In the shadow of the night

Killing the butterfly

Claire, it's not your fault

How could you know?


Jim ain't the one who seems

Maybe he was before

He's been through so much shit

He is now off control


His mother shouts at him

His father's always drunk

Finally left home

'Cause daddy beat him up


He threw his life away

And went to have fun

He has no one to obey

But benevolent law


He's out of control

When he found a girl

His life made a moth

Who killed the butterfly


No one saw Jim

In the shadow of the night

Killing the butterfly

Jim, what have you done?

How far could you go?






Israel's Son

Absurdo

Anoche salí a tomar algo con un viejo colega.

Cuando estábamos en la barra esperando a nuestra tercera consumición atisbé un papelillo doblado y húmedo por el tequila derramado en ronda de chupitos.
Me pudo la curiosidad y lo abrí, sus palabras eran oscuras y borrosas, me parecía incongruente, aún así me lo llevé a casa esperando extraer algo por la mañana. Esperando en vano, nunca logré sacar nada de aquellos versos.

Nacho



Absurdo

Llueve
El aire está viciado
Esta mañana al sol le ha costado ponerse
No se qué pasa hoy

Debe de ser el frío
Esto es asfixiante
Podría ahogarme en mis propios vómitos
Respetando la métrica
Incongruente subjetividad
Sin saber que hacer
Absurdo existencial

Y la luz

No se fijan en lo que de verdad importa
Obcecados en la perfección

Versos incongruentes
Enfática razón nublada
Nouménica atracción fatal

Lobotomía de masas
Obstinada violencia callada

Que cuando
Uno cae pero nadie lo olle
Escuchamos ecos de masas ciegas

Temo por la razón
Incongruentes palabras
Estimulos sonoros
No hilados
Estimulos visuales
No placenteros

Deberías odiar estos versos
Están mal escritos
Lo que pasa es que no puedes ver
Aunque no sea fácil
Ninguna muestra clara
Tontamente colocada
Estúpidamente publicada


Anónimo.

domingo, 7 de abril de 2013

El Gato Negro


No siempre frecuenté el Gato Negro.


En Compostela solía ir a un pub llamado "La Forja", era un garito que molaba bastante, las antiguas paredes de bloques de granito estaban adornadas con monedas de céntimos, las mesas bajas se sostenían sobre antiguos yunques pero el puto futbol en la tele jodía todo efecto estético.

A pesar de la comodidad que procuraban las mesas yo prefería y prefiero, siempre que me sea posible sentarme en la barra.

Pero un día tuve un sueño. Estaba en un bar, se llamaba El Gato Negro, era un bar bastante bonito, tenía algo, no se qué que lo hacía un sitio especial.

Yo estaba sentado en una mesa con Luis y Julián, me levanté a por un café,

Cuando me dirigía a la barra un oscuro gato cruzó entre mis piernas y se me quedó mirando, me agaché a acariciarlo, ronroneó feliz, comenzó a frotarse un costado contra mi pierna.

-Parece que le gustas -Dijo una joven-

La miré, era preciosa, tenía el pelo tan rojo como el color de la sangre, no podía dejar de mirarla, era perfecta.

-Soy Max, encantado...

No me salían las palabras. Ella se acercó a mí, casi nos rozamos, acercó su rostro al mío, podía oirla respirar, podía notar su aliento en mi cara,sus labios estaban a centímetros de los míos, me perdía en sus oscuros ojos...

-Nunca podrás besarme, nunca podrás abrazarme pero yo siempre estaré ahí, nunca podrás alejarte de mí.
Si algún día me encuentras, por favor, prométeme que me harás la persona mas feliz de aquí a la Luna.

Entonces noté una mano sobre mi hombro. Era Jacobo, el camarero de La Forja.

-¡La barra no es un lugar para dormir la mona puto borracho!
-Tío, no me jodas, siempre vengo aquí a tomar algo
-¡Lárgate ahora si no quieres que llame a la policía, joder!

Me fui a regañadientes. No encontraba mis llaves así que me puse a vagar sin rumbo por la ciudad.

De repente vi un cartel de un bar, el local se llamaba "El Gato Negro", sobre el nombre se alzaba orgullosa la figura de un oscuro minino. Era un cartel bonito la verdad. Decidí entrar.

No se parecía al local de mi sueño, pedí igualmente en la barra una Coronita. El camarero parecía majo así que le pregunté por qué le habían puesto ese nombre al garito, me contestó que ya tenía ese nombre cuando se lo compraron a los antiguos propietarios. Le pedí el número y la dirección de estos y me la dio sin problemas, al parecer habían comprado el local hace poco. Me guardé el papel con los datos en el bolsillo de mi cazadora.

Desde aquel día visito El Gato casi todos los días esperando que aquella joven pelirroja se deje caer. A día de hoy sigo sin perder la esperanza.

Y lo del nombre... bueno, eso ya es otra historia.


Nacho Granda

¡Hostia!

Eran las 7 de la tarde de un Sábado en la gris ciudad de San Vicente, iba con mis colegas los de allí, Jose, Marta, Vera, Berto... hacía dos semanas que no pisaba la ciudad. Si os digo la verdad ya no sentía aquel sitio como mi hogar.

Decidimos entrar en la Shangri a tomar un café. Nos sentamos y me acerqué a la barra a pedir mi café con leche. Al volver vi sentado a mi viejo colega Victor en una mesa con sus colegas.

Había tocado en un grupo con él, era un gran tío, o eso creía, habíamos pasado muchos buenos ratos juntos, también movidas muy chungas, desde días de fiesta en las que no parecía existir el mañana hasta aquella noche esperándole en urgencias después de que recibiera una paliza.

Me acerqué a el, yo le saludé, no me oyó, le dí una colleja.

-¡¿Que pasa cabronazo, que coño es de tu vida hijoputa?!

El se giró y me largó un puñetazo, puse la mano, no me llegó a golpear.

-Que haces gilipollas, a que te parto la cara
-Lo siento tío, pero tranqui...
-¡Ni tranqui ni pollas, te reviento la cara gilipollas! -Gritaba mientras alzaba su puño con violencia-

Marta se levantó de su asiento, se acercó a el y le dijo que dejase de comportarse como un crío.

Yo me senté y me bebí mi café, preferí dejar el tema, no quería que me echen del bar, en el Shangri-La hacían un buen café.

Cada vez estaba mas seguro de que ya no era bien recibido en San Vicente.


Nacho Granda

No mas héroes

Ayer llovió, llovió mucho...


Entré en una tienda de cómics. No es que no me guste la lluvia, de hecho disfruto mucho mirando caer las gotas de agua contra mi ventana, escuchar su sonido...
lo que no me gusta es mojarme.

En la tienda había muchos pósters, algunos de novela gráfica, otros de juegos de rol, también algunos de manga pero unos me llamaron especialmente la atención.

En el pasillo de la derecha se erigían sobre papel las hercúleas figuras de los superhéroes americanos de Marvel y similares: Linterna verde, Superman, Spiderman, Hulk, Iron Man, Batman... todas fornidas efigies de hombres estereotipados ¿Que hay detrás de esos poderes y cachivaches que usaban? Gente vacía que administraba justicia a palos, a hostias, si no con sus poderes abrumantes lo hacían con letales cachivaches que violan todas las leyes de la robótica.

Me molestaba su virtual presencia, me molestaban sus rostros esculpidos en piedra, pero había uno que me molestaba especialmente.

Al fondo del pasillo, en la esquina que giraba al pasillo de las figuras coleccionables se erguía desafiante la figura de un hombre armado con un escudo, luciendo los colores de la bandera estadounidense con un injustificado orgullo.

Recordaba a ese héroe, era el Capitán América, recordaba sus dibujos, los veía de pequeño, luchaba contra Red Skull, Un esqueleto rojo que vestía un traje de oficial soviético. De pequeño nunca me gustó, me parecía aburrido pero ahora ya tenía mas motivos para odiarlo.



El arte y el ocio al servicio de la política,
¿hasta donde va a llegar esta mierda?


Asqueado aparté la vista de aquel pasillo, compré un tomo de Dr.Slump y esperé a que amainase sentado en una silla mientras disfrutaba cada página de aquel manga, si alguien se hubiese fijado en mí podría incluso haber intuido una sonrisa esbozada entre mis labios.


Nacho Granda