viernes, 19 de abril de 2013

Soy un fantasma



Hacía una buena noche, no hacía nada de frío.
Llevaba mis pantalones vaqueros rotos y una camiseta oliva, así vagaba, con lo puesto, sin llaves, sin techo… estaba solo ante la gran ciudad.

Ella se me echaba encima cual depredador que se abalanza sobre su presa, las estrellas me miraban agazapadas tras las nubes. Conspiraban las esquinas contra mi persona, no tenía nada ni a nadie.

Solo estaba yo.

Qué podía hacer si no me abrían en el piso, ya no era bien recibido, los estudios me iban fatal, ya no tenía grupo y no me quedaba demasiado dinero para acabar el mes.

No había nadie por la calle y si había alguien desde luego no me percaté de ello y dudo mucho que alguien viese al invisible fantasma que aquella noche era.

No era nada para nadie, era un espectro que rondaba por las concurridas calles de una ciudad fantasma en la que no había otra persona que no fuera yo, estaba ahí, lo que pasa es que nadie se percataba de mi presencia, yo era como el agua que circula por dentro de un radiador antiguo, como el tic-tac de un viejo reloj de parad, como algo que oyes pero realmente no te percatas de ello.

Ya nada me quedaba, decidí pasar aquella amarga noche donde pudiese. Abrí un portal de una hostia y allí me acurruqué sobre el frío mármol reposando mi cuerpo en una esquina de aquella estancia.

Dormí, o eso creo porque me despertó una mujer en medio de la noche, vestía elegantemente y gritaba mucho:

-¡Largo de aquí sucio indigente!-Gritó la muy zorra-

-Mira por ti, que cual tú te ves, me vi y te verás cual me veo.

-¡Calla la puta boca, borracho de mierda!

-No estoy borracho, ¿Lo estuvo acaso el autor de tan célebre fráse?

-Vete de mi portal antes de que llame a la policía.

De repente bajó el que debía ser su marido por las escaleras y sin saber muy bien que acontecía preguntó qué estaba pasando.

-¿Que pasa cariño? –Preguntó el hombre-

-Este gilipollas no solo se cree que puede dormir aquí sino que también se cree que puede tomarme el pelo. -Respondía alporizada-

-No buscaba problemas sino un techo bajo el que dormir.

-¡Largate! –Gritó la muy zorra-

-Por qué va a ser mentira, buscaba un lugar donde pasar la noche, creo que no molesto a nadie por pasar aquí la noche ¿no?

-Este mendigo de mierda me ha insultado y se me ha puesto violento cariño… -Decía la mujer mientras se encaramaba al brazo de su hombre-

Largate de aquí ahora mismo!-Gritó el hombre-

-Tranquilo, ya me…

No me dio tiempo a acabar, el hombre me asestó un puñetazo en la cara, mi mejilla sangraba, me la había abierto. Me pasé la mano por la zona del golpe, sangraba.

Ardía de rabia. Decidido agarré la tierra de paterre decorativo ornado con una falsa mampostería y me dirigí hacia él.

-¿Buscas más hostias? –Me dijo con una mirada desafiante-

Le arrojé el manojo de tierra a la cara y acto seguido le asesté una buena andanada de puñetazos de los que apenas se pudo defender. Terminó tirado en la esquina donde antes había estado yo tratando de dormir.

-¡Llamaré a la policía, tenlo por seguro!-Gritaba la misma mujer que no socorrió a su pareja cuando yo le estaba hostiando-

Seguí sin rumbo y la cara manchada de sangre. Me enjuagué la cara en una fuente, allí me asaltaron dos chavalines, tendrían 16 años, no hizo falta otra cosa que la expresión de mi rostro para que estos huyesen como quien hubiera visto un fantasma…

Lo curioso es que me sentía como tal.

Nacho Granda

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