Hacía una buena
noche, no hacía nada de frío.
Llevaba mis
pantalones vaqueros rotos y una camiseta oliva, así vagaba, con lo puesto, sin
llaves, sin techo… estaba solo ante la gran ciudad.
Ella se me echaba
encima cual depredador que se abalanza sobre su presa, las estrellas me miraban
agazapadas tras las nubes. Conspiraban las esquinas contra mi persona, no tenía
nada ni a nadie.
Solo estaba yo.
Qué podía hacer si
no me abrían en el piso, ya no era bien recibido, los estudios me iban fatal, ya
no tenía grupo y no me quedaba demasiado dinero para acabar el mes.
No había nadie por
la calle y si había alguien desde luego no me percaté de ello y dudo mucho que alguien viese al invisible fantasma que aquella noche era.
No era nada para
nadie, era un espectro que rondaba por las concurridas calles de una ciudad
fantasma en la que no había otra persona que no fuera yo, estaba ahí, lo que
pasa es que nadie se percataba de mi presencia, yo era como el agua que circula
por dentro de un radiador antiguo, como el tic-tac
de un viejo reloj de parad, como algo que oyes pero realmente no te percatas de
ello.
Ya nada me quedaba,
decidí pasar aquella amarga noche donde pudiese. Abrí un portal de una hostia y
allí me acurruqué sobre el frío mármol reposando mi cuerpo en una esquina de
aquella estancia.
Dormí, o eso creo
porque me despertó una mujer en medio de la noche, vestía elegantemente y
gritaba mucho:
-¡Largo de aquí sucio indigente!-Gritó la
muy zorra-
-Mira por ti, que cual tú te ves, me vi y te
verás cual me veo.
-¡Calla la puta
boca, borracho de mierda!
-No estoy borracho,
¿Lo estuvo acaso el autor de tan célebre fráse?
-Vete de mi portal
antes de que llame a la policía.
De repente bajó el
que debía ser su marido por las escaleras y sin saber muy bien que acontecía
preguntó qué estaba pasando.
-¿Que pasa cariño? –Preguntó el hombre-
-Este gilipollas no solo se cree que puede
dormir aquí sino que también se cree que puede tomarme el pelo. -Respondía alporizada-
-No buscaba problemas sino un techo bajo el
que dormir.
-¡Largate! –Gritó la muy zorra-
-Por qué va a ser mentira, buscaba un lugar
donde pasar la noche, creo que no molesto a nadie por pasar aquí la noche ¿no?
-Este mendigo de mierda me ha insultado y se
me ha puesto violento cariño… -Decía
la mujer mientras se encaramaba al brazo de su hombre-
-¡Largate de aquí ahora mismo!-Gritó el
hombre-
-Tranquilo, ya me…
No me dio tiempo a
acabar, el hombre me asestó un puñetazo en la cara, mi mejilla sangraba, me la
había abierto. Me pasé la mano por la zona del golpe, sangraba.
Ardía de rabia.
Decidido agarré la tierra de paterre decorativo ornado con una falsa mampostería
y me dirigí hacia él.
-¿Buscas más hostias? –Me dijo con una mirada desafiante-
Le arrojé el manojo
de tierra a la cara y acto seguido le asesté una buena andanada de puñetazos de
los que apenas se pudo defender. Terminó tirado en la esquina donde antes había
estado yo tratando de dormir.
-¡Llamaré a la policía, tenlo por seguro!-Gritaba la misma mujer que no socorrió a su
pareja cuando yo le estaba hostiando-
Seguí sin rumbo y la
cara manchada de sangre. Me enjuagué la cara en una fuente, allí me asaltaron
dos chavalines, tendrían 16 años, no hizo falta otra cosa que la expresión de
mi rostro para que estos huyesen como quien hubiera visto un fantasma…
Lo curioso es que me sentía como tal.
Nacho Granda
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